Ilustración 1.Mahmoud-Mokhtar-(Egipto,-1891–1934).-Au-BordDu-Nil, 1931-1939, 61 x 14 x 13 cm, bronce. Tomado de Sothebys.

El retardo del arte moderno en los países islámicos

Hablar de “arte islámico” es referirse, sin duda alguna, a una expresión generalista y poco precisa. Sin embargo, y aunque la forma en la que se desarrolló dicho arte tuvo mucha diversidad de acuerdo con cada país y su respectivo proceso histórico, también es una expresión que, en ocasiones, habla de una suerte de unanimidad casi etérea que es más fácil percibir que explicar. En este artículo voy a partir de la premisa de que, aunque el “arte islámico” es sumamente diverso, también se puede estudiar como un cuerpo unificado puesto que sus raíces históricas son, en la mayoría de las ocasiones, iguales. Hablar de porqué los procesos de modernidad en el arte islámico tardaron tanto en consolidarse es justamente un gran ejemplo de lo mencionado anteriormente ya que, casi todos estos países, compartieron una misma raíz histórica: la colonización europea.

 

Contexto histórico

 

La expresión “arte islámico” usualmente lleva la mente del espectador hacia imágenes de tapetes o textiles, formas geométricas, materiales fuertemente ornamentados y caligrafía, y, de hecho, como en la mayoría de las ocasiones, las nociones generales de los espectadores tienden a tener algo de cierto. Para el caso del arte islámico, se trata de un Ilustración 1.Mahmoud-Mokhtar-(Egipto,-1891–1934).-Au-BordDu-Nil, 1931-1939, 61 x 14 x 13 cm, bronce. Tomado de Sothebys. tipo de arte que se produjo principalmente “entre la dinastía omeya en el siglo VII y el fin del Imperio Otomano en 1924 (…)”(Ali, 1992, p.186), y la noción que se creó durante esos trece siglos ha sido más que suficiente para consolidar la perspectiva que, hasta día de hoy, muchas personas cargan aún dentro de sí, es decir, una forma de expresión plástica exótica y poco “moderna”. Por supuesto, “Al principio, el islam tomó prestados motivos y normas de las otras tradiciones artísticas con las que entró en contacto, como los bizantinos, sasánidas y greco-Romanos.” (Ali, 1992, p.186), pero cuando comenzó a consolidar sus propias formas plásticas, éstas triunfaron por sí mismas y crearon una suerte de sensación en el inconsciente colectivo con respecto a cómo debe ser el arte islámico.

 

La forzada llegada de la modernidad:

 

El “arte islámico” se vio fuertemente trastornado con las colonizaciones europeas de la segunda y primera mitad de los siglos XIX y XX respectivamente. “La ocupación de tierras islámicas, principalmente por parte de franceses y británicos, socavó no solo su autosuficiencia económica y su capacidad para gobernar, sino también su arte. La estética y la cultura occidentales dominaron las tradiciones artísticas locales” (Ali, 1992, p.186) y un cierto cambio comenzó a emerger incluso en países islámicos que no se encontraban bajo una dominación europea, como es el caso del Imperio Otomano, cuyo emperador Abdul Aziz, quien gobernó entre los años 1861-1876, fue el primer sultán otomano en visitar Europa, y tras quedar muy impresionado por el arte occidental y, a su regreso a Estambul, abrió el país a los artistas occidentales y celebró la primera exposición de arte en el imperio en 1874.” (Renda, 1986).

 

Otro factor que resultó importante en los procesos de modernidad del arte en los países musulmanes, principalmente de África, fue la industrialización de muchas de las prácticas artesanales. Esto, como todo, trajo consigo cosas tanto buenas como malas; los artesanos que tenían una visión fuertemente arraigada de sus trabajos desde el punto de vista de la tradición y la conciencia por perdurar dicha tradición, sufrieron mucho por la inclusión de maquinaria y procesos que no tenían nada que ver con las tradiciones artesanales. Pero, por otro lado, la sola noción de que una máquina era capaz de igualar y hasta superar toda una vida de experiencia artesanal, puso a pensar a los intelectuales y artistas de la época, obligándolos a visualizar la industria no como un enemigo, sino como un medio para alcanzar formas, técnicas y experiencias nuevas que enriquecieran sus respectivas cosmovisiones.

 

Como bien dice la artista e historiadora del arte jordana Wijdan Ali en su estudio sobre “El estatus del arte islámico durante el siglo XX”:

 

“Las artes islámicas tradicionales continuaron sufriendo, mientras que las artes plásticas de estilo occidental se beneficiaron de este resurgimiento en otras partes del mundo. Se decía que este florecimiento era un renacimiento de la pintura y la escultura islámicas modernas, pero en realidad causó una pérdida de identidad cultural y creó una esquizofrenia entre los artistas islámicos modernos: su educación y formación fueron totalmente occidentales, mientras que sus creencias y convicciones permanecieron con sus Raíces islámicas y educación tradicional.” (Ali, 1992, p.187)

 

Una aseveración fuerte pero inmejorable, los artistas modernos de países islámicos se encontraban entre la espada y la pared: aunque su formación era de estilo occidental, sus cosmovisiones seguían permeándolos por completo, y, como resultado de esto, muchas de las obras producidas durante este período muestran una falta de identidad plástica y simbólica que se sigue transmitiendo hasta el día de hoy. Dicho de otro modo: la verdadera razón por la cual hasta ahora se está ahondando en nociones contemporáneas en las artes plásticas en países musulmanes, no tiene tanto que ver con una noción religiosa tradicional, y una prohibición hacia la innovación material y plástica, sino más bien con un proceso de modernidad mal llevado que tardó mucho en consolidarse debido a la resistencia de los países a ser sometidos bajo la lógica de producción artística de occidente.1

 

De esta forma, cuando muchos de los países musulmanes se independizaron de Europa después de la segunda guerra mundial, sintieron la necesidad de volver a rescatar todas sus prácticas artísticas en el sentido más tradicional, tanto de producción, como de forma final. Lo que hizo que la modernidad artística se desarrollara orgánicamente muchos años después de haber superado esa nostalgia. Un gran ejemplo de todo esto se encuentra en el artículo Tracing the Modern in Post-Modern: The dilemma of Contemporary “Islamic” Art de la historiadora del arte Isabelle Imbert, quien utiliza como ejemplo al artista egipcio Mahmoud Mokhtar (1891-1934) para explicar que en algunos países islámicos, los artistas cuya etapa de producción estuvo catalogada entre 1880-1940 aproximadamente, son artistas que se encuentran en una especie de limbo entre artistas “orientalistas” y “premodernos”, aunque sean artistas que en teoría desarrollaron su obra bajo la lógica moderna impuesta por Europa.

 

De hecho, un arte Moderno en el sentido estricto del término y que pertenezca al espacio de tiempo mencionado anteriormente (1880-1940) no se encuentra fácilmente en el mercado del arte de países musulmanes y sus subastas, ni en la academia, y, para Isabelle Imbert, se trata de una brecha historiográfica que cuesta mucho poder llenar. Aparentemente, Los artistas de países islámicos no lograron interiorizar las practicas modernas “a las malas” impuestas por Europa, y esto, sin duda, se hace visible en sus respectivas producciones artísticas.

 

“Por esta razón, no es raro encontrar artistas de Turquía y Egipto como Bilal al-Sham y Magreb en catálogos de subastas de arte islámico orientalista o premoderno. Una confusión que se debe al hecho de que nadie sabe cómo etiquetar tales creaciones puesto que caen dentro de un área semántica gris.” (Tracing the Modern in Post-Modern: The Dilemma of Contemporary “Islamic” Art -, n.d.)

 

El artista egipcio Mahmoud Mokhtar demuestra muy bien esta situación, “su vida lo puso justo en el límite entre lo premoderno y lo moderno, pero su trabajo es inconfundiblemente moderno y refleja el impacto del Art Nouveau y la Secesión de Viena.” (Tracing the Modern in Post-Modern: The Dilemma of Contemporary “Islamic” Art -, n.d.) Sin embargo, una escultura suya llamada Au-Bord-Du-Nil2 fue subastada en Sothebys en el 2018 durante la “20th Century Art / Middle East auction”, pero anteriormente, había sido subastada por la “vente Orientalisme” en Francia en el 2016. Resulta increíble ver que hayan catalogado a un artista egipcio y moderno dentro de una subasta de arte “orientalista” y premoderna, ¿será que acaso los funcionarios y trabajadores de las más grandes casas de subastas no saben de historia, y, más importante que eso, no tienen intuición a la hora de catalogar una pieza? Evidentemente, la respuesta a esa pregunta es: sí. Por supuesto que saben que Mahmoud Mokhtar es un artista con claras intenciones modernas, no obstante, conocen muy bien lo difícil que resulta catalogar un artista que se comporta más como un fenómeno aislado, que como un acontecimiento grande que se desarrolló bajo la producción de muchos artistas.

 

Nostalgia y duelo:

 

El arte moderno comienza a manifestarse años después de las independencias de los países, y después de haber superado la nostalgia del pasado. Porque, de cierta manera, los pueblos musulmanes no tuvieron en un principio la oportunidad de hacer el duelo de aquello que estaban “perdiendo” y que poco a poco estaba mutando, a ellos se les impusieron parámetros, estilos y técnicas que, aunque más adelante pudieron incorporar, en su momento aparecieron como un huracán que venía a cambiar todo de manera abrupta. Es como cuando uno está en una batalla y pierde a un amigo o a un ser querido; en ese momento no hay tiempo de pensar en esa persona, pero transcurrido un cierto nivel de tiempo, vuelve hacia nosotros una nostalgia aplastante porque hasta ese momento, no habíamos tenido la oportunidad de hacer el duelo.

 

En su momento los países musulmanes lograron hacer el duelo y superaron esa nostalgia con respecto a su pasado artístico, y, poco a poco, las miniaturas, la caligrafía, las formas exageradamente ornamentadas representadas en maderas, metales y piedras, volvieron de repente, pero con la búsqueda y consciencia de un cambio. Ya no existía tanto la afirmación de representar por representar, sino, más bien, comenzaron a emerger preguntas como: ¿Por qué representar, o por qué no representar? ¿Cuál material utilizar y por qué? ¿Qué me brinda cada uno? Todas esas preguntas que iniciaron a rondar la mente de los artistas fueron sin lugar a duda un legado de la modernidad forzada y que, muchos años después, pudieron interiorizar naturalmente. Hoy, los artistas de países musulmanes continúan viviendo una transformación que cada vez se hace más acelerada por la globalización y la aparición de la inmediatez de las redes sociales, y aunque en su momento los procesos de modernidad tardaron mucho, ahora, poco a poco, nos comienzan a dar una lección de cómo debería ser un arte que mira a su pasado con orgullo, inteligencia histórica y mística, y busca, al mismo tiempo, una manifestación contemporánea que potencialice todo lo que quieren producir sin olvidar el presente que viven.

 

Referencias:

 

  • Ali, W. (1992). The Status of Islamic Art in the Twentieth Century. Muqarnas, 9, 186. https://doi.org/10.2307/1523143
  • Karnouk, L. (2005). Modern Egyptian Art, 1910-2003. Amer Univ in Cairo Press.
  • Renda, G., & Kortepeter, C. M. (1986). The transformation of Turkish culture: The Atatürk legacy. Kingston Press.
  • Tracing the Modern in Post-Modern: The dilemma of Contemporary “Islamic” Art -. (n.d.). Retrieved July 8, 2021, from https://isabelle-imbert.com/postmodern-islamic-art/

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