Ilustración 1 Cúpula de la Mezquita Süleymaniye, ph: Haidar Ali Tipu Zinan Zapata Ochoa

La Mezquita de Süleymaniye en Estambul y su diálogo con Hagia Sophia, una mirada a sus cúpulas.

Contexto histórico

 

Para nadie es un secreto que Santa Sofía (Hagia Sophia) es una de las construcciones más importantes del mundo debido a la relevancia histórica que tuvo en el desarrollo tanto de la antigua ciudad de Constantinopla como del imperio bizantino; siendo la basílica más grande del mundo durante el primer milenio después del natalicio de Cristo. De esta manera, cuando el imperio otomano tomó posesión de todo el estrecho del Bósforo (actual Estambul), inició un meteórico progreso económico y militar que le permitió desarrollar el arte y la arquitectura de forma envidiable. A principios del siglo XVI con el reinado del sultán Selim I entre 1512 y 1520, se inició un fuerte programa de construcción de mezquitas, hospitales y madrasas, 1 algunos de ellos, por supuesto, inspirados en Santa Sofía, como el caso de la Mezquita de Solimán (Süleymaniye) No obstante, la verdadera apoteosis del imperio otomano vino de su sucesor: Solimán I, más conocido como Solimán el Magnífico. Nacido en 1494 y cuyo gobierno duró 46 años.

 

Solimán fue un personaje que aprovechó la educación privilegiada que tenía al alcance por ser el hijo del sultán de un imperio en expansión, por lo que cuando llegó la hora de tomar las riendas del imperio, pudo hacer gala de toda la preparación y consejería que recibió durante sus primeros 26 años de vida. De hecho, en el cuerpo de consejeros del sultán, se encontraba el cuerpo imperial de arquitectos, y es que “los sultanes otomanos del siglo XVI protegían y también dirigían las artes, estableciendo talleres artesanales en cada parte de su dominio” (Günay, 1998 p. 10)2 para garantizar la producción artística y cultural en la mayor parte del territorio que gobernaban. Bajo esta estructura de organización de consejeros, surgió el arquitecto más importante de toda la historia del Imperio, y uno de los más prolíficos de la historia de la arquitectura: Mimar Sinan.

 

Mimar Sinan, de militar a arquitecto:

 

Las fuentes y documentos que se tienen hoy en día sobre la vida de Sinan son limitadas, principalmente porque sólo se conocen dos textos de notas bibliográficas escritos por él que fueron editados posteriormente por el poeta Sai Mustafa Çelebi3 . Aunque Sinan nació en el seno de una familia cristiana en Ağırnas en la provincia de Kayseri entre 1494 y 14994 , se sabe que desde que fue reclutado en el cuerpo de jenízaros entre 1512 o 1513 siempre profesó el islam como su religión principal. 5 Después de participar en la campaña de Belgrado, en la batalla de Moach en Hungría, en el sitio de Viena, las batallas en Irán y Bagdad, durante más de 13 años, comenzó a ganar reconocimiento por sus capacidades como ingeniero y arquitecto:

 

“Fue durante una de esas campañas que, a pesar de la falta de materiales y herramientas, él construyó tres galeras armadas totalmente equipadas, las cuales comandó para cruzar el lago de Van en una misión de reconocimiento, en la que logró recoger información de las fuerzas enemigas situadas en el lado opuesto” (Günay, 1998 p. 21)

 

En el año 1539, y por la muerte del hasta entonces Jefe imperial de arquitectos: Acem Alisi, el gran Visir Lufti Pasha nombró a Sinan como el nuevo Jefe imperial de arquitectos. Para ese año, el arquitecto turco ya tenía una edad madura, pero más importante que eso, contaba con un gran número de referentes visuales arquitectónicos debido a las campañas militares en las que participó en la zona de Europa oriental. 6 Por este motivo, cuando comenzó a liderar proyectos arquitectónicos pudo nutrir sus trabajos con lo aprehendido en sus años como soldado y comandante. De acuerdo con los documentos que enumeran sus trabajos, se sabe que diseñó, supervisó, construyó o restauró alrededor de 477 edificios7, por lo que, para lograr tal proeza, “tuvo que haber existido un sistema muy eficiente en términos de organización de trabajo. Posiblemente fue difícil encontrar trabajadores y maestros que aseguraran un flujo regular del equipo y materiales necesarios para la construcción simultanea de diferentes proyectos”. (Günay, 1998 p. 21). Sin embargo, Sinan demostró ser no sólo un diseñador nato, sino también un tremendo administrador.

 

La mezquita de Solimán (Süleymaniye)

 

La mezquita de Solimán forma parte de todo el complejo de edificaciones Süleymaniye que incluía cuatro madrazas que impartían clases de religión y medicina, así como varios patios y jardines. Sin embargo, para este estudio, me centraré únicamente en la mezquita como el punto de referencia simbólico más grande de todo el complejo. Si bien toda la estructura levantada por Sinan es una obra formidable en sí misma, fue también una construcción que se nutrió de diversos referentes arquitectónicos e históricos, de hecho, antes de la construcción del complejo de Solimán, hubo otro complejo que sirvió de inspiración tanto al sultán como a sus arquitectos: el complejo de Mehmed II construido entre 1463 y 1470:

 

“Fue el complejo otomano más grande hasta el edificio de Siileymaniye. Solimán, también, siguiendo el ejemplo de Mehmed, separó el albergue de su mezquita -un desarrollo arquitectónico que coincide con el estricto control de las zawiyas,- la purga de las Órdenes sufíes y la conversión de los conventos sufíes del reinado de Bayezid II en madrasas sunitas (…)” (Necı̇poğlu, 1985, p.96).

 

Aunque ambos complejos tienen muchas similitudes estructurales, sirvieron para propósitos ideológicos distintos. “Cuando el Conquistador se declaró sucesor del emperador bizantino al asumir el título de sultán-i Rum, todavía estaba rodeado por una población predominantemente cristiana” (Necı̇poğlu, 1985, p.96). -lo que puede explicar el por qué Sinan creció en el seno de una familia cristiana a pesar de haber nacido bajo el mandato del imperio otomano-. De esta manera, la lógica de construcción del complejo de Mehmed atendió sobre todo a la búsqueda por demostrar el poder del islam y particularmente del sultanato en áreas geográficas donde aún existían remanentes cristianos. Por otra parte, durante el reinado de Solimán y con todas sus conquistas militares en Europa oriental, la construcción del complejo de Süleymaniye y sus correspondientes madrasas estuvieron más ligados hacia una búsqueda por mejorar la producción de conocimiento y jurisprudencia islámica Sunni.8 Adicionalmente, la Mezquita del complejo desempeñaba la función “de una mezquita imperial en donde Solimán y su impresionante séquito rezaban todos los viernes” (Necı̇poğlu, 1985, p.98).

 

La cúpula como arquetipo islámico-cristiano de lo divino

 

Tanto Hagia Sophia como la mezquita de Süleymaniye tienen bastantes similitudes. Sin embargo, sin temor a equivocarme, diría que ninguna destaca más que el parecido que hay entre sus dos cúpulas. Cabe recordar que la ejecución de las cúpulas en el mundo cristiano comenzó con la construcción de Hagia Sophia a manos del entonces emperador Justiniano, y aunque el gran referente en términos de domos era el panteón romano, éste había sido construido sobre una pared redonda, por lo que la forma de equilibrar los pesos fue distinta. Hagia Sophia, por su parte, tuvo que lidiar con la problemática de hacer viable la construcción de una cúpula gigante sobre una base cuadrada. Luego de que se derrumbara la cúpula años más tarde producto de un terremoto, se rediseñó con la inclusión de lo que hoy en día se conoce como pechinas; unos pequeños triángulos que van en los capiteles de las cuatro columnas y que ayudan a que la cúpula distribuya mejor su peso sobre una base cuadrada.

 

Ilustración 2 Interior de Hagia Sophia, ph: Haidar Ali Tipu Zinan Zapata Ochoa

 

Un error bastante común, y que siento que muchos de mis colegas comenten, es que piensan que el estudio de las cúpulas se limita únicamente a la redondez del domo y sus representaciones, y si por alguna razón se interesan en las pechinas del domo, es más debido a sus pinturas o mosaicos, que a todo el aparato simbólico que tienen las pechinas y las columnas por sí mismas en tanto formas visuales. Es aquí en donde la mezquita de Süleymaniye y Hagia Sophia comparten tantas cosas: en su domo, pero no el domo entendido simplemente como una forma redondeada repleta de representaciones, sino como una estructura que, desde sus cimientos, desde sus columnas, posibilitó la experiencia simbólica más cercana jamás creada de cómo se debe sentir estar en presencia de Dios.

 

Tanto Hagia Sophia como la mezquita de Süleymaniye compartieron un genuino interés en su construcción por mostrar una materialidad sofisticada y lujosa que fuera acorde a su búsqueda por traer la presencia de Dios a la tierra en un sentido simbólico. Bien lo explicó el científico y topógrafo francés Petrus Gyllius durante su visita a Constantinopla entre los años 1544 a 1547:

 

“The present Emperor Solyman has taken up a Place in the middle of this Precinct; where he is laying a Foundation … now building with the most elegant Marble, brought from several Parts of the Turkish Dominions, so that you may see infinite Kinds of it lying about the Building, not lately dug out of the Quarry, but such as for many ages has been used in the Palaces of several Princes and Emperors, not only in Byzantium, but in Greece, and all Egypt.” (Ball, 1729, p.112).9

 

Debido a la dificultad en el transporte de las gigantescas piedras para la construcción, se generaron muchas leyendas similares a las que tuvo Hagia Sophia en su momento con respecto a su materialidad, la cual fue usada como mecanismo para demostrar la riqueza y el poder de Justiniano como emperador. En cuanto al domo de la mezquita, la Süleymaniye “hace una referencia deliberada a Hagia Sophia mediante el uso de materiales preciosos de lugares distantes, así como por el uso de una cúpula colindante con dossemicúpulas” (Necı̇poğlu, 1985, p.103). Y es que, posiblemente, este fue el mayor referente que incorporó Sinan en la construcción de la mezquita y particularmente del domo, puesto que al utilizar dos semi-domos, uno a cada lado, hizo que la experiencia visual de la construcción reflejara de forma jerárquica pero a la vez orgánica lo que significa acercarse a Dios según las religiones abrahámicas, es decir, un proceso que va siempre de menos a más, entre más me acerco a Dios, más grande y majestuoso se vuelve todo.

 

Otro aspecto que resulta importante tomar en consideración, es que cuando se construyó Hagia Sophia, se edificó como el templum novum Salomonis (nuevo templo de Salomón), tratando de imitar el legendario templo de Salomón construido alguna vez en Jerusalén. Incluso existe un mito que dice que cuando se inauguró Hagia Sophia, Justiniano dijo: “Salomón, te he superado” (Scheja, 1962, pp. 44-58). Esta información es interesante porque probablemente Solimán conocía la relación histórica entre el templo de Salomón y la construcción de Hagia Sophia, lo que implica que cuando comenzó la construcción de la mezquita de Süleymaniye a manos de Sinan, la mezquita buscaba ser no sólo una nueva estructura que de cierta forma compitiera con Hagia Sophia, sino, del mismo modo, con el mismísimo templo de Salomón.

 

Así, cuando Sinan comenzó a pensar en las columnas que iban a soportar el domo principal y siguiendo el referente de Hagia Sophia, su conclusión fue muy simple: hay que buscar un material lujoso, fuerte y atractivo, de esta manera llegó al granito rojo que tienen las columnas hoy en día.10 Ahora bien, aunque las cuatro columnas tienen una importancia estructural innegable, también cargan consigo una propuesta simbólica y mística, ya que de cierta forma son la representación de los cuatro grandes califas que vinieron después del profeta (Abu Bakr, Úmar, Uthmán y Ali), y que literalmente soportan el domo, es decir, soportan a Dios. Evliya çelebi, un escritor otomano del siglo XVII cuenta en sus crónicas que cuando Sinan terminó la cúpula de Süleymaniye, le dijo al sultán: “Mi Emperador, te he construido una mezquita que permanecerá en la faz de la tierra hasta el Día del Juicio, y cuando Hallaj Mansur venga a sacudir el Monte Damavand de sus cimientos, podrá romper la montaña, pero no esta cúpula.” Sin lugar a duda, lo más encantador de esta declaración de Sinan, es que, al decir lo que dijo, dio a entender implícitamente que la cúpula es la manifestación formal y visual más sofisticada de lo que es Dios. Primero se caen las montañas antes que su cúpula, primero se cae todo antes que Dios.

 

i bien las cúpulas en el mundo islámico-cristiano representan a Dios y su omnipresencia, en los casos de Süleymaniye y Hagia Sophia esa lógica se hace patente en toda su dimensión, puesto que ambos domos no son únicamente la representación de lo divino, sino que, además, se manifiestan como el trono de Dios en la tierra. En el caso de Hagia Sophia soportado por cuatro ángeles, y en el de Süleymaniye, soportado por los cuatro califas (otra similitud existente entre ambas religiones, pues recordemos que en muchas iglesias es común ver pinturas de los cuatro evangelistas en las pechinas del domo). Finalmente, y atreviéndome a realizar un análisis algo anacrónico, quiero traer a colación una frase del artista alemán Joseph Beuys, quien, palabras más palabras menos, creía que los monumentos debían ser efímeros, a Beuys le preocupaba que la ciudad y la historia cambiaran, y que el monumento, intocable, macizo, se convirtiera, tarde o temprano, en un obstáculo. Esta idea de Beuys es importante para el caso de la mezquita Süleymaniye porque, para mí, Hagia Sophia es básicamente un monumento a la diversidad religiosa y mística, y aunque creo que Beuys tiene razón en parte, pienso que lo que siempre deben hacer los artistas y arquitectos, no es tumbar monumentos porque su temporalidad haya pasado, sino al contrario, proponer constantemente formas de diálogo con los mismos bajo sus propias obras. Sinan logró eso con la construcción de Süleymaniye, una charla constante y casi inagotable entre dos estructuras cuya temporalidad no es la misma, pero cuya lógica simbólica y mística es totalmente afín. El escritor flamenco del siglo XVI, Ogier Ghislain de Busbecq dijo una vez, de forma más que acertada que: “los turcos no tienen la menor idea de cronología o de diferentes épocas, a ellos les encanta, más que nada, mezclar de manera maravillosa los hechos históricos” (Busbecq, 2012) y Sinan, sin temor a equivocarme en mi apreciación, logró eso con la mezquita y la cúpula de Süleymaniye.

 

Referencias

 

  • Ball, J. (2020). The Antiquities of Constantinople. BoD–Books on Demand.
  • De Busbecq, O. G. (2012). The Life and Letters of Ogier Ghiselin de Busbecq: Seigneur of Bousbecque, Knight, Imperial Ambassador (Vol. 1). Cambridge University Press.
  • George Scheja, “Hagia Sophia und Templum Salomonis,” in Istanbuler Mitteilungen, Deutsches Archdologisches Institut, Abteilung Istanbul 12 (1962): 44-58.
  • Günay, R. (1998). Sinan: the architect and his works (Vol. 46). Yapı-Endüstri Merkezi Yayınları.
  • Katkak, B (2017). Mimar Sinan´s Istanbul. Turkiye Turing Ve Otomobil Kurumu.
  • Necı̇poğlu-Kafadar, G. (1985). The Süleymaniye Complex in Istanbul: An Interpretation. Muqarnas, 3, 92-117. doi:10.2307/1523086.

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